miércoles, 25 de mayo de 2011

Fronteras


Los alumnos que no están dentro del programa 1:1 siempre me hacen preguntas o comentarios sobres mis clases con computadoras. Les intriga. Hoy tuve con uno de ellos una conversación interesante.

Mi alumno planteaba que internet servía para el entretenimiento y no para la educación.

Intenté convencerlo de que era sólo un medio y de que se podía usar de diferentes maneras. Le dí un ejemplo. Le conté cómo y cuánto aprendí sobre fotografía con mis actividades online. No lo convencí. Ni siquiera lo hice dudar. Es más, mi ejemplo le ayudó a confirmar lo que sostenía. La fotografía es entretenimiento, sentenció.

Recurrí, con cierto facilismo, a ejemplos más académicos y sólo entonces comenzó a dudar.

Un rato más tarde, cuando salí al recreo todavía pensando en esa charla, recordé otra conversación entre docentes en un grupo en FB. Pareciera ser que hay una división marcada entre el aprendizaje y el entretenimiento, entre los espacios sociales y los académicos. Lo interesante sería integrar lo académico en lo cotidiano, decía Diego Levis en el grupo como respuesta a una docente cuyos alumnos preferían no usar FB para actividades académicas (situación que, creo, es mucho más habitual de lo que se confiesa).

Volví a pensar en mi ejemplo sobre la fotografía. No soy una fotógrafa profesional, ni tengo pensado serlo. Nadie me paga por sacar fotos. Es algo que hago en mis ratos libres. Es un entretenimiento, no hay duda. Ahora bien, ¿cuándo ocurrió que el entretenimiento se separó del aprendizaje?


¿Qué aprenden nuestros alumnos cuando se entretienen? ¿Qué espacios formales tienen para capitalizar este aprendizaje? ¿Qué estrategias usan para aprender fuera de la escuela? ¿Son las mismas que aplican para aprender dentro de la escuela?


¿Será que la educación se debe expandir hacia espacios no formales, o que el aprendizaje informal debería irrumpir en los espacios académicos? ¿Quién debería gestionar este recorrido en una u otra dirección?


Y finalmente, esa frontera que atravesamos alumnos y docentes al entrar en la escuela pareciera comenzar a flexibilizarse con la posibilidad de nuevos tipos de vínculos mediados por la tecnología. Pero la cuestión es: ¿hasta qué punto y de qué modo esto nos potencia como aprendices? ¿Nos relacionaremos todos de un modo más autónomo y más activo con el conocimiento?




Foto

domingo, 15 de mayo de 2011

Feeds, vengan!



Cuando comencé a pensar en mis clases 1 a 1, sabía que tendría que resolver cómo recolectar las producciones de mis alumnos. Visualizar de un modo ordenado sus producciones dentro del campus era un problema, sumar a estas lo producido en otros espacios virtuales complicaba más la cuestión.


Sólo dos cosas tenía en claro.
Primero: no lo iba a hacer manualmente
Segundo: en el RSS estaba la solución, por supuesto.


Comencé a imaginar lo complicado (como de costumbre): un tag en Google Reader, pipes y otros delirios. Pero todo esto requería de mi trabajo permanente durante todo el año ya fuera para alimentar el feed (valga la redundancia) o para actualizar las actualizaciones (valga también).


Por suerte, existe gente que desarrolla tecnología para hacernos la vida más fácil.


Recordé que Diigo ofrecía cuentas para educadores. También recordé un artículo que había leido sobre la posibilidad de generar un e-porfolio en Delicious. No puedo atribuir esta última idea ya que es bastate vieja, pertenece a los tiempos en los que o bien no guardaba absolutamte todo lo que me interesaba en Delicious, o bien lo guardaba pero economizaba (con mentalidad 1.0) etiquetas.


Bueno, todo lo anterior no tiene ninguna importancia. El post comienza aquí:




Mis alumnos (12 años) guardan todo lo que producen en nuestro grupo en Diigo. Cada uno tiene su tag. Copio el código de cada tag/alumno en un artículo en el campus y los feeds llegan solos, organizados por alumno. Sí, copiar y pegar todos los códigos -36, para ser precisa- lleva tiempo; pero se hace una sola vez. Además del hecho de ser a once in a lifetime task, creo que tiene otras ventajas para mis alumnos.




  • Los alumnos tienen una experiencia (aunque limitada por la protección de sus membresías de alumnos) en el mundo de los marcadores sociales.
  • Comienzan a comprender el valor de las etiquetas.
  • Son responsables en forma individual de la etapa final de sus propias producciones ya sean individuales o colectivas (la autonomía viene con responsablilidades).


Esta es la solución que encontré; por supuesto, no es la única. Me encantaría saber de qué modo mis compañeros están resolviendo esta cuestión.

Fotos:
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