martes, 18 de septiembre de 2007

Vértigo en el parque (y afuera)

Dos veces me subí a una montaña rusa, la primera fue en el Ital Park, hace muchos años. Montaña rusa de escaso vértigo, sobre todo porque desconocía el futuro. Juré no hacerlo nunca más, la pasé taaaaan mal. Sin embargo, hace pocos años permití que me convencieran y me subí a una montaña en el Parque de la Costa. Nooo, esa no. La otra tampoco. Una que tiene su recorrido sobre el agua. Cómo será de inofensiva que ni siquiera encontré una foto, si hasta tenía permitido subir mi sobrina de cinco años! Dije que me daba miedo, no me creyeron, acepté subir. ¿Qué hago acá arriba?, me preguntaba mientras deseaba que la vuelta no se reiniciara. Mi garganta no obstruía mis gritos y cuando por fin frenamos, me costó desprender mis manos de la barra. El único alivio fue la salpicadura en un día de verano porteño (aunque era en Tigre).




En mi vida cotidiana también suelo sentir vértigo sin necesidad de subir a las alturas o de bajar bruscamente. Por ejemplo, sentí vértigo cuando comencé este blog; sí, este inofensivo blog me provocaba vértigo (una de las razones del nombre). En estos casos no aplico la misma regla que con las montañas rusas. Uso el vértigo como pulsión. Claro, no soy tan arriesgada. Me lanzo sujeta a una cuerda, como en bungee jumping, o colgando de un parapente.

El Paseo por el parque de las TICs también me provoca vértigo. Aclaro: antes de comenzar, cuando comenzó y ahora. También sospechaba que iba a experimentar esa sensación de estar planeando (que en mi vida física nunca experimenté en el aire, pero sí en el agua). ¿Acaso, por ejemplo, Iván y Jaime no comenzaron a planear?







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domingo, 16 de septiembre de 2007

Taking it Further. Diario de viaje.

El viernes 14 presenté en la Asociación Argentina de Cultura Inglesa Taking it Further –el blog en el que postean mis alumnos.

La preparación de la presentación fue un arduo ejercicio para lograr concentrar en veinte minutos una historia de un año de aprendizaje. No quería solamente presentar el blog, sino contar que detrás de él había una historia. Esta historia, que tiene un claro comienzo, está tejida con preguntas y descubrimientos, en la cual este doble rol de teacher y learner formó la urdimbre visible de varios blogs.

Fue tambien la oportunidad de compartir en vivo esta experiencia con colegas atentos, curiosos y críticos.




Pensaba, después, que tal vez el deseo de compartir lo que aprendemos funciona como la pulsión que nos empuja a los docentes a continuar con nuestra tarea a pesar de tantos pesares.




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