miércoles, 6 de diciembre de 2023

Memoria



Comencé otro curso de biomateriales. Este con Programa Sostenible.

Lo que en el curso anterior llamábamos carga, ahora llamamos materia prima. Es lo mismo. Hoy la profe, Verónica Lezcano, al hablar sobre las propiedades de la materia prima dijo algo que me resonó. La materia prima tiene memoria. Se refería al hecho de que aún cuando son reducidas a polvo, las materias primas conservan características, por ejemplo, su ph.


Biocuero con yerba



El metal también tiene memoria. Por eso hay que recocerlo, si no se quiebra al intentar volver a su forma anterior.

Pensé, en un primer momento, que todo tiene más memoria que los seres humanos.

Pero no.

El cuerpo tiene memoria. Tiene memoria como los metales. Como las materias primas orgánicas.

El desmemoriado es el cerebro. El cerebro es el que conoce los trucos. Y el que cae en las trampas.

miércoles, 25 de octubre de 2023

Hecho con deshechos




Durante la pandemia comencé a tratar mis residuos de otra manera.

Necesitaba reducirlos para no tener que salir a la calle a sacar la basura con mucha frecuencia, pero al mismo tiempo mis residuos orgánicos aumentaron considerablemente porque compraba bolsones de verdura orgánica y cocinaba todos los días.

Casi por necesidad, comencé a hacer compost. Al principio en recipientes improvisados, después compré una compostera que venía con lombrices. Desde entonces, todos mis residuos orgánicos compostables van a parar a la compostera.

Bueno, no todos. Algunos no.

Por ejemplo.

Yerba. La yerba humedece mucho el compost, así que sólo una pequeña parte de lo que consumo va a la compostera.

Cítricos y cebollas. Se dice que a las lombrices no les gusta. Si es cierto o no, no lo sé. Por las dudas, por lo general no composto ni cítricos ni cebollas.

Semillas de zapallo y calabaza. Brotan con mucha facilidad, crecen plantas de zapallo dentro de la compostera!

Todo esto es para decir que estoy probando cargas con yerba, cáscaras de cítricos. cebollas y semillas de zapallo.


cáscara de naranja


semillas de calabaza


tintura de cebolla

yerba






martes, 17 de octubre de 2023

Qué se carga cuando se carga

 

A la mezcla de algas, glicerina, fécula se le suele agregar una carga

En las primeras pruebas que hice usé la carga como decoración. Algunas funcionaron, otras no. 



De a poco, empecé a entender que la carga tiene otro sentido que no es el meramente estético.

 
  • Por un lado, la carga aporta un elemento fisico importante. Da una cierta estructura, crea una tensión. Un error en la carga también puede separar en pedazos esa materia que se mantendría unida. 

  • Pero además la carga no es cualquier material. Se usa material biológico de descarte, en muchos casos de la industria alimentaria. Nunca había pensado en eso, pero cualquiera puede imaginar, por ejemplo, la cantidad de cáscaras de huevos que se descartan en una pastelería, o las cáscaras de naranjas en una fábrica de jugo (¡si efectivamente usan naranjas!). 

Esa carga biológica es muy variada y en muchos casos irreconocible en el biomaterial resultante.

Algunos ejemplos 





 Y así fue como me puse a pensar en mi propio descarte, algo que en realidad ya venía considerando desde la pandemia.

domingo, 15 de octubre de 2023

Atrapada en la cocina

Ni bien conseguí los materiales abandoné por un momento la lectura googleada y me puse a cocinar.


Sí. A cocinar. Cocino los biomateriales .

Siempre disfruté cocinar. Bueno, no siempre. Ni cuando era niña, ni cuando era adolescente. Anyway, hace mucho que me gusta.

Sin embargo, durante mucho tiempo el cocinar diario y -sobre todo- para mí sola fue una obligación más, con pocos momentos de disfrute y creatividad.

Cuando la pandemia nos aisló, descubrí que inventar, planificar y disfrutar cocinando para mi sola transformaba mi día.




Y ese inventar, planificar, cocinar también funciona para los biomateriales.


Imagino cuál podría ser el resultado utilizando determinadas proporciones y materiales, armo la mise en place y cocino.




La cocción es rapidísima, la espera para ver los resultados parece eterna.








viernes, 13 de octubre de 2023

Biomateriales. El descubrimiento

Comencé un curso sobre biomateriales con la joyera Hebe Argentieri. Es parte de una serie de cursos a distancia y presenciales que organiza la Asociación Amigos del Museo de Arte Popular.



El curso abrió un mundo que desconocía. Algo que se agradece profundamente en estos tiempos en los que lo peor de los viejos mundos empuja hacia el presente.

Mi primer vínculo con los biomateriales fuera de las clases fué teórico. Dos detalles me despertaron esa curiosidad que venía medio dormida.


Detalle 1


Hay muchos papers sobre biomateriales, todos muy académicos y los leí por arriba. Lo sorprendente es que la cita bibliográfica más antigua que encontré en todos ellos es del 2007.

A ver.

Nací en 1958. El año 2000 no me parece tan remoto, es más, durante buena parte de mi vida fue el futuro, el futuro de ciencia ficción.

Detalle 2


Sigo usando social bookmarking (aunque no de un modo muy social) y también etiquetando para volver a encontrar (algunas mañas no se pierden).


La cuestión que a medida que leía y boomarkeaba links sobre biomatriales comencé a usar la geolocalización como etiqueta. El territorio donde tenía lugar cada proyecto era relevante.



Pensé en la globalización y en el sufrimiento evidente que está causando. Esto era casi lo opuesto. Sí, exagero; pero es lo que pensé.


¿Qué hago aquí?


Me conmovió ver que el primer posteo en este blog lo escribí en el 2007. Y fue también a partir de un descubrimiento que me abría ventanas y que también me urgía a pensar y organizar el pensamiento.

Eso hago. Organizo mis pensamientos.

Para seguir aprendiendo.

GRAN SALTO TEMPORAL

Más de 10 años después...

 

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By <a href="//commons.wikimedia.org/wiki/User:Ebaychatter0" title="User:Ebaychatter0">Ebaychatter0</a> - <span class="int-own-work" lang="en">Own work</span>, CC BY-SA 3.0, Link

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Primeras Clases


Mi año 1:1 está finalizando. No escribo aquí desde julio y todavía no pude sentarme a mirar hacia atrás con cierta perspectiva; sin embargo estuve pensando en el comienzo del año. Del próximo año.

¿Qué hacemos habitualmente en las primeras clases? ¿Qué cambia cuando tenemos conexión todo el tiempo en el aula?

Esta presentación es, en realidad, un post. Lo escribí pensando en mis compañeros que el año próximo comenzarán con el programa 1:1.


domingo, 31 de julio de 2011

Google Docs compartidos

Google docs fue parte de los cursos de capacitación para docentes que íbamos a trabajar con el 1:1 en mi escuela. Debido a que para abrir una cuenta en google el requisito es tener edad para firmar un contrato legal, no podía pedirle a mis alumnos de 12 años que crearan un usuario. Por lo tanto, al comenzar el año, creaba yo los docs y los publicaba otorgando permiso para editar a cualquiera que tuviera el link. Esta práctica tenía algunas desventajas:

  • Era frecuente que alguien borrara lo que otros habían editado, las ediciones eran anónimas.
  • Todas las producciones eran públicas, lo cual no era necesario.
  • Los alumnos se estaban perdiendo la posibilidad de aprendizajes que podían servir para su formación como ciudadanos digitales.

No suelo insistir con lo que no funciona. Abrí una cuenta en google para que la compartiéramos entre todos. Esto provocó un nuevo escenario que resolvió algunos problemas y multiplicó las posibilidades en la adquisición de nuevas competencias.

  • No sé por qué razón, la frecuencia del vandalismo cayó vertiginosamente. La cuenta es compartida, por lo tanto las ediciones siguen siendo anónimas. Sin embargo, pareciera que el hecho de tener que loguearse desalienta el vandalismo.
  • Es un espacio privado. Mis correcciones, los errores, las notas -sobre todo tratándose de niños de 12 años- es mejor que no sean públicas.
  • Ahora son ellos los que crean documentos, desde el inicio mismo tienen la responsabilidad del trabajo. Hasta este momento sólo he insistido con la edición del título, pero ya tendré que acostumbralos a organizarlos.
  • A mí me resulta muy práctico. (Auto) comparto con mi cuenta personal algunas carpetas y muevo ahí los documentos que tengo que corregir. Por ahora lo hago yo, en poco tiempo espero que aprendan a hacerlo ellos.
  • Los cambios recientes en los comentarios, transforman a los google docs en una herramienta ideal para corregir trabajos escritos.

Admito que el comienzo no fue fácil. He escuchado muchas veces que los alumnos no tienen problemas con las herramientas, pero no es así. Por un lado, 36 niños de 12 años compartiendo una cuenta pueden causar mucho caos. Pero, además, es necesario dedicar un momento (en realidad, varios) de la clase a las dificultades instrumentales que sí tienen nuestros alumnos digitales. Cuestiones tan elementales como escribir un título o agregar un doc a una carpeta, otras más sofisticadas (?!) como compartir o publicar, upload o download no vienen por default entre las competencias de los nativos.


Sí, mucha paciencia para:

  1. Evitar decirme a cada rato, pero yo sólo enseño inglés. (No enseño tecnología).
  2. Respetar los tiempos de cada alumno (tan dispares). 
  3. Diseñar estrategias coaching entre pares (a contramano del individualismo). 
  4. Escribir tutoriales (tan aburrido). 
  5. Pautar dejando espacio para la iniciativa individual y la creatividad (difícil equilibrio).



domingo, 12 de junio de 2011

Prácticas

En el campus virtual tenemos grupos. Un espacio que se puede usar para interactuar con los alumnos. Cada vez que alguien escribe en el pizarrón del grupo, los miembros reciben una notificación por email.

Varios de mis alumnos decían que no recibían estas notificaciones. Pensé que era un problema con la configuración de sus usuarios, pero no. O que era algún problema en el campus, tampoco.

El viernes se me ocurrió hacer una pregunta que tendría que haber hecho al principio:
¿Chequean los mails? 
No. Nunca. De vez en cuando, fueron sus respuestas 
Aja. ¿Cómo se comunican?
Descarté el prehistírico msn. Facebook podía servir.

Recordé ifttt. Cuando abrí mi cuenta, no le encontré mucho sentido. Ahora comenzaba a tenerlo.





Es interesante ver de qué modo nuevas prácticas generan nuevas situaciones. Me parece que este es un claro ejemplo de como los desarrollos tecnológicos cubren (o deberían cubrir) las necesidades creadas por estas nuevas prácticas.

Post en el Campus
Post en inglés

jueves, 9 de junio de 2011

Desafíos y renuncias

Nada me estimula más que la palabra desafío.
La palabra renunciar, la fantasía con la renuncia, es la que me suele calmar en momentos en los que no sé qué hacer.
No tenía pensado hacer las actividades de ArTIC. Sin embargo, cuando leí la palabra desafío, no pude evitar el click.
Claro, el real desafío está para mí en el segundo grupo. Esos desafíos que tienen que ver con el audio. Renuncié a intentarlo ni bien los ví.
Pasaron unos días, ví el post de Diego, entré a Broadcastr (ví que le faltaba la “e” como a Flickr, pensé que es un maravilloso repositorio de oralidad). Tal vez grabar un fragmento de un libro no sea such a big deal, me dije.
Busqué Memorias de Adriano. Recorrí las páginas leyendo mi anotaciones y encontré un párrafo que no recordaba y tiene que ver con la renuncia.



Ahora estoy acá, después de haber creado mi cuenta en Broadcastr, todavía sin grabar y con la duda de si este borrador se convertirá en un post o no.




miércoles, 25 de mayo de 2011

Fronteras


Los alumnos que no están dentro del programa 1:1 siempre me hacen preguntas o comentarios sobres mis clases con computadoras. Les intriga. Hoy tuve con uno de ellos una conversación interesante.

Mi alumno planteaba que internet servía para el entretenimiento y no para la educación.

Intenté convencerlo de que era sólo un medio y de que se podía usar de diferentes maneras. Le dí un ejemplo. Le conté cómo y cuánto aprendí sobre fotografía con mis actividades online. No lo convencí. Ni siquiera lo hice dudar. Es más, mi ejemplo le ayudó a confirmar lo que sostenía. La fotografía es entretenimiento, sentenció.

Recurrí, con cierto facilismo, a ejemplos más académicos y sólo entonces comenzó a dudar.

Un rato más tarde, cuando salí al recreo todavía pensando en esa charla, recordé otra conversación entre docentes en un grupo en FB. Pareciera ser que hay una división marcada entre el aprendizaje y el entretenimiento, entre los espacios sociales y los académicos. Lo interesante sería integrar lo académico en lo cotidiano, decía Diego Levis en el grupo como respuesta a una docente cuyos alumnos preferían no usar FB para actividades académicas (situación que, creo, es mucho más habitual de lo que se confiesa).

Volví a pensar en mi ejemplo sobre la fotografía. No soy una fotógrafa profesional, ni tengo pensado serlo. Nadie me paga por sacar fotos. Es algo que hago en mis ratos libres. Es un entretenimiento, no hay duda. Ahora bien, ¿cuándo ocurrió que el entretenimiento se separó del aprendizaje?


¿Qué aprenden nuestros alumnos cuando se entretienen? ¿Qué espacios formales tienen para capitalizar este aprendizaje? ¿Qué estrategias usan para aprender fuera de la escuela? ¿Son las mismas que aplican para aprender dentro de la escuela?


¿Será que la educación se debe expandir hacia espacios no formales, o que el aprendizaje informal debería irrumpir en los espacios académicos? ¿Quién debería gestionar este recorrido en una u otra dirección?


Y finalmente, esa frontera que atravesamos alumnos y docentes al entrar en la escuela pareciera comenzar a flexibilizarse con la posibilidad de nuevos tipos de vínculos mediados por la tecnología. Pero la cuestión es: ¿hasta qué punto y de qué modo esto nos potencia como aprendices? ¿Nos relacionaremos todos de un modo más autónomo y más activo con el conocimiento?




Foto

domingo, 15 de mayo de 2011

Feeds, vengan!



Cuando comencé a pensar en mis clases 1 a 1, sabía que tendría que resolver cómo recolectar las producciones de mis alumnos. Visualizar de un modo ordenado sus producciones dentro del campus era un problema, sumar a estas lo producido en otros espacios virtuales complicaba más la cuestión.


Sólo dos cosas tenía en claro.
Primero: no lo iba a hacer manualmente
Segundo: en el RSS estaba la solución, por supuesto.


Comencé a imaginar lo complicado (como de costumbre): un tag en Google Reader, pipes y otros delirios. Pero todo esto requería de mi trabajo permanente durante todo el año ya fuera para alimentar el feed (valga la redundancia) o para actualizar las actualizaciones (valga también).


Por suerte, existe gente que desarrolla tecnología para hacernos la vida más fácil.


Recordé que Diigo ofrecía cuentas para educadores. También recordé un artículo que había leido sobre la posibilidad de generar un e-porfolio en Delicious. No puedo atribuir esta última idea ya que es bastate vieja, pertenece a los tiempos en los que o bien no guardaba absolutamte todo lo que me interesaba en Delicious, o bien lo guardaba pero economizaba (con mentalidad 1.0) etiquetas.


Bueno, todo lo anterior no tiene ninguna importancia. El post comienza aquí:




Mis alumnos (12 años) guardan todo lo que producen en nuestro grupo en Diigo. Cada uno tiene su tag. Copio el código de cada tag/alumno en un artículo en el campus y los feeds llegan solos, organizados por alumno. Sí, copiar y pegar todos los códigos -36, para ser precisa- lleva tiempo; pero se hace una sola vez. Además del hecho de ser a once in a lifetime task, creo que tiene otras ventajas para mis alumnos.




  • Los alumnos tienen una experiencia (aunque limitada por la protección de sus membresías de alumnos) en el mundo de los marcadores sociales.
  • Comienzan a comprender el valor de las etiquetas.
  • Son responsables en forma individual de la etapa final de sus propias producciones ya sean individuales o colectivas (la autonomía viene con responsablilidades).


Esta es la solución que encontré; por supuesto, no es la única. Me encantaría saber de qué modo mis compañeros están resolviendo esta cuestión.

Fotos:
Go board
Placing the go stone
Go board

domingo, 27 de marzo de 2011

Sólo un diario

La web 2.0 es compleja. Esto se percibe muchas veces como disrupción y caos. Cuando diseñé mi curso de primer año, intenté incluir esa complejidad y también algunas estrategias para que la disrupción y el caos no entorpecieran sino más bien potenciaran el aprendizaje. La web misma nos da muchas herramientas para que los usuarios la organicemos. En este caso, y al tratarse de alumnos de 12 años, pensé que necesitaban algún tipo de ancla algo más tradicional; por eso también incluí una especie de diario de clase.

Imaginé un diario colectivo, en el cual por turnos completen lo que trabajamos en la clase. Esto le dará, creo, cierto orden a las disrupciones y  simplificará la complejidad. También pienso que la actividad puede aportar a fortalecer esa noción de que un producto colaborativo se construye con aportes individuales. Y que estos aportes son fundamentales y uno -como individuo y como parte de un colectivo- debe hacerse cargo y contribuir con responsabilidad a esa construcción.




Había planeado completar el diario junto con mis alumnos al final de cada clase durante las primeras semanas, y recién después pasarles a ellos la posta. Pero todavía no lo hice y ni siquiera se los mostré. Sin embargo, la semana pasada encontré con sorpresa que uno de ellos había completado el primer día de clase.

Como no accedo a las stats del campus virtual, no tengo idea de cuál es el recorrido de mis alumnos por su homepage. Ahora sé que por lo menos uno (y tal vez más) estuvo explorando. Y no sólo eso, encontró algo que le pareció una propuesta y adoptó una actitud de usuario activo

¿Por qué creo que esto es importante? Por un lado, pude verificar que el diseño del homepage hacía efectiva la invitación a explorar. Pero además, mi propia torpeza (no mostrarles la actividad, no completar el formulario) no fue una barrera para que alguien iniciara una acción. Y esto es justamente lo que dejamos de ser como docentes cuando nuestro enfoque es 2.0. Dejamos de establecer un techo para las posibilidades de aprendizaje.

Fotos
Diary - September 1957- Crowcombe Al
Dear Diary- ayomide

miércoles, 9 de marzo de 2011

Fuera del closet

Todos guardamos sitios que nos resultan interesantes. La práctica más habitual en mi entorno físico de trabajo pareciera ser guardar localmente en el browser.

Los marcadores sociales tienen varias ventajas con respecto a esa otra modalidad.

  • Podemos acceder a nuestras marcaciones desde cualquier computadora. (Aunque ahora con los servicios de sincronización de Chrome y Firefox también podemos acceder a lo que antes guardamos localmente en nuestro browser.)
  • Los marcadores sociales nos facilitan la conexión con otros usuarios con los que tenemos intereses en común.
  • Nuestras marcaciones no se organizan en carpetas sino con etiquetas, lo cual  hace posible el encuentro rápido de un sitio entre miles.
  • Se pueden usar como motores de búsqueda. El resultado de esa búsqueda está determinado por los usuarios y no por robots.
Ejemplos: DiigoDelicious

¿Por qué usar un servicio de marcadores sociales con los alumnos?

  • Evaluar, guardar y recuperar información es una de las competencias básicas que debemos desarrollar como ciudadanos digitales.
  • Almacenar y compartir anotaciones y comentarios con un grupo nos permite evaluar la información en forma colaborativa.
  • Aprender a etiquetar es un proceso complejo. Para ésto no existen los instructivos. Desde mi experiencia, puedo decir que los estudiantes no valoran las etiquetas como elementos esenciales para la organización de contenidos. Las tags son, a mi entender, el elemento más representativo de esa tensión entre lo invididual y lo colectivo que atraviesa la web2.0. Y es el sistema con el que los usuarios organizamos la red social.
  • Los alumnos pueden  organizar y acceder a sus online portfolios de un modo muy sencillo.



¿Por qué elegí Diigo para crear un grupo para mis alumnos?

  • Facilita el procesamiento colaborativo de la información.
Diigo permite resaltar y hacer anotaciones online. A estas anotaciones las podemos ver cada vez que accedamos a esa página. Pueden ser privadas o compartidas con un grupo. Si son compartidas, todo el grupo puede visualizarlas y los miembros pueden agregar o comentar las anotaciones. Hacer anotaciones facilita  la valoración de la información, y además abre un canal para que los alumnos compartan -y pongan en juego- conocimientos previos.
  • Ofrece cuentas para educadores.
Nos permite crear un grupo y agregar usuarios sin necesidad que proveer emails. Las cuentas de los alumnos tienen restricciones, sólo sus compañeros y el docente pueden acceder a sus perfiles. Esto garantiza un ambiente seguro para menores de edad.

Qué observaré:
Tengo dos grupos de alumnos de 1º año con el mismo nivel de inglés, decidí que compartieran el grupo en diigo. Es un modo acotadísimo de mostrar como en la web desaparecen muchos de los límites de nuestro entorno físico. Esos límites en los que quedamos atrapados por questiones administrativas.
Aunque los dos grupos comparten el mismo colegio, no tienen -dentro de la escuela- posibilidad de interactuar en la clase de inglés. La virtualidad abre ese juego de interacción.
Creo que será interesante observar de qué modo se vinculan en esa porción del aula semi expandida. ¿Asumirán roles diferentes? ¿Surgirán rivalidades? ¿Lograrán olvidar quién es de qué grupo?


Foto: Darren Kuropatwa Creative Commons

Malabares geométricos

Éste es, sin dudas, un año de desafíos. Escribí sobre mis dificultades para evaluar un proyecto 2.0 en un post anterior; ahora quiero referirme al desafío que implica organizar un entorno virtual de aprendizaje para el mismo proyecto.


El aula virtual de mis alumnos se encuentra dentro de un CMS, el desafío es transformar esa red vertical en una red horizontal. Es obvio que no puedo transformar un CMS. Pero sí puedo incrustar porciones de la web social dentro del campus. En el diseño inicial del homepage de mis grupos he intentado llevar al entorno virtual de mis clases algunos elementos que pueden favorecer el aprendizaje distribuido.




Intentos de expansión del aula:



(Actualizaré esta lista a medida que agregue otros contenidos y posts sobre los mismos)


lunes, 28 de febrero de 2011

Midiendo lo inmedible

Este año comenzaremos en mi escuela a trabajar con una computadora por alumno y la propuesta institucional es centrarnos en un enfoque 2.0.


Como docente no tengo mucha experiencia en en este tipo de enfoque. Durante los últimos cuatro años sólo he experimentado con algunas actividades que estimulaban a mis alumnos a vincularse con los contenidos de un modo dinámico, a relacionarse con el afuera de la clase, a contribuir con sus saberes y sus preguntas. Esas actividades que pretendían modelar mi propia experiencia como aprendiz tenían, por supuesto, un soporte tecnológico. Pero eran escasas. Eran sólo las que mis condiciones de trabajo no lograban impedir del todo.


No tengo mucha experiencia como docente 2.0, pero tengo mucha como aprendiz 2.0. El relato de ese aprendizaje está relativamente ordenado en este blog y en Reveal Ties; y diseminado en miles de tweets y comentarios que escribí en muchos edublogs y discusiones en Facebook y en tantas redes sociales que ya ni me acuerdo cuales son.


Muchos de esos relatos tienen que ver con los desafíos a los que me he enfrentado. Pero hay uno que ahora me preocupa especialmente. ¿Cómo evaluar?


Cuando se trataba sólo de algunas actividades 2.0 lo iba resolviendo con relativa eficacia. Creo que nunca hice el relato de mis dificultades con la evaluación. Escribo a continuación una breve síntesis.


Primero comencé con rúbricas, las usé durante mucho tiempo. Pero tenían una limitación. Por más que me esforzara en incluir el proceso, lo que evaluaba en realidad era el resultado. Es que las rúbricas sirven para eso, evaluar resultados; es imposible torcerlas. Tenían una ventaja: las matemáticas funcionaban. Siempre quedaba claro cuál era el número entre el 1 y el 10, ese que llamamos nota y está condenada a morir en el boletín.


Algunas veces (muchas) logré engañar a mis alumnos y los hice trabajar gratis. Les daba, por supuesto, mucho feedback oral y escrito. Pero nada de número. Esto también tenía una falla. La nota numérica que inevitablemente el alumno recibía al final del trimestre no reflejaba esas experiencias de aprendizaje que eran justamente en lo que yo centraba la organización de mis clases.


A fin del año pasado inventé un método centrado en el proceso, una evaluación dinámica. (No lo explico en detalle porque es muy complicado y no aportaría demasiado.) Esa forma de evaluar es casi perfecta, excepto por un detalle: la institución escolar. Como todos sabemos la escuela está empeñada en usar una ciencia exacta para medir el aprendizaje. Y me ocurrió que la nota final de varios de mis alumnos era 12 o 14, cuando la nota máxima sólo puede ser 10.


¿Por qué ocurrió esto? Es muy sencillo, creo. El aprendizaje 2.0 no tiene techo. Cuando como docente limito al alumno al libro, lo máximo que puede aprender es lo que está en el libro. Cuando el único conocimiento apropiable es el del docente, éste es el techo. Cuando formulo preguntas que tienen una respuesta acertada, limito la posibilidad de que se formulen nuevas preguntas. Si abrimos el juego, si a los alumnos les dejamos canales abiertos para que las conexiones fluyan, el aprendizaje también fluye. Se expande. No hay techo.


¿Cómo evaluamos sin techo? Si el enfoque es 2.0, no le podemos poner límite al aprendizaje posible, ni al deseable; ¿lo comprimiremos en una escala del 1 al 10? Y si lo hiciéramos, ¿qué representaría ese número? ¿Es posible evaluar el aprendizaje expandido? ¿Se puede evaluar sin medir? ¿Es posible medir lo inmedible?


Creo que este será mi mayor desafío durante el año escolar que está por comenzar. Espero que el desafío, tal como los anteriores, se convierta en una experiencia de aprendizaje. La gran diferencia con respecto a otros años es que ya no se trata de un proyecto personal a contramano institucional. Por primera vez (para mí) habrá muchos en el mismo espacio físico formulándose esas y más preguntas.




Foto en Flickr. Not so far away.
Algunos artículos sobre evaluacíon en entornos 2.0.





martes, 28 de diciembre de 2010

Escritura líquida

Carolina Gruffat nos convocó con una agenda beta para formar un equipo 2.0 a raiz de la incorporación del 1 a 1 el año próximo en ORT. Nuestra primera reunión fue en una sala alrededor de una mesa; la segunda, en uno de los laboratorios de la escuela.

Los laboratorios no suelen ser espacios que estimulen mi creatividad. (Sí, ya sé que antes me quejaba porque no tenía acceso; ahora que lo tengo, no me gustan.) Monótonas mesas y sillas alineadas. El espacio físico, estático. Lo virtual, atrapado en una pantalla. Dos mundos que no se tocan.¿Quién puede inspirarse en semejante entorno?

Necesito, en general, modificar los ambientes que habito, adecuarlos a mi circulación; y si se trata de aulas, al ritmo de la clase. Siempre muevo algo. Con los laboratorios, me había dado por vencida. Pero sólo hasta el momento de esa segunda reunión.

Cristina leía un cuento, la pantalla nos mostraba imágenes de películas. Mayra, Santiago, Matías, Nora y yo escribíamos poesia policial en versos de no más de 140 caracteres.

La voz de Cristina leyendo, las palabras del autor mezclandose con nuestras palabras, la presencia de mis compañeros, las escenas de las películas, mi network en twitter, la música, mis pensamientos offtopic, las palabras de los actores, mis asociaciones y las asociaciones de los otros, el tipeo, la lectura furtiva de otros tweets.


Se desdibujaron para mí las prolijas hileras de mesas y computadoras. Lo virtual fue colándose en el espacio fisico hasta modificarlo. Una especie de eXtended Web o Web x.0 casera.


En pocos minutos creamos un riquísimo corpus. Los que enseñamos lengua , o los que nos conmovemos con las palabras y la sintaxis podemos imaginar las múltiples derivaciones que pueden surgir a partir de ese corpus express y colectivo. Eso fue lo que ocurrió cuando Matías Kremer leyó nuestra producción en voz alta. Descubrimos que las palabras estaban en sintonía; los múltiples estímulos habían otorgado cohesión a la escritura. Comentamos sobre el ritmo, las asociaciones, las palabras con más peso, los sentidos convocados a través de las palabras. Imaginamos el agregado de más estímulos: olfato y tacto.

Espero poder replicar la experiencia cuando el año que viene tenga una clase 1 a1, o cuando con los otros grupos me toque el turno mensual en el lab. Lograr con esta o cualquier otra actividad esa fusión entre lo físico y lo virtual, aunque sea una fusión casera. Lo virtual ocupando el espacio físico y viceversa.



Update (unas horas más tarde)
Caro se inspiró acá.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Flujos y bloqueos

¿Cuales son las consecuencias de tomar contenidos ajenos y publicarlos como propios?

Doy un ejemplo:
Supongamos que quiero usar esta imagen para ilustrar este post. 


¿Por qué no? Si es tan simple, la bajo, la subo y no la atribuyo. Está en internet.

¿Qué podría ocurrir después? Imaginemos dos situaciones:

Escenario 1
Claudia, la fotógrafa, no me conoce ni conoce este blog. ¿Tendría alguna posibilidad de encontrar su foto? Pocas. Casi ninguna.

Escenario 2
Claudia no conoce este blog pero realiza una búsqueda de cada una de sus fotos. Encuentra mi foto (perdón, su foto).


En este último escenario las consecuencias pueden ser variadas. Tienen que ver con el ejercicio de derechos de autor y con la negociación. Con los pasos que Claudia decidiera seguir y con mi respuesta. Podría terminar, incluso, en una situación extrema. Hay miles de posts escritos sobre el tema (acá sólo algunos).  

El primer escenario pareciera no tener consecuencias. Es justamente esta falta de consecuencias lo que me preocupa.

Si no linkeara la imagen, mis lectores
  • no se enterarían de que la foto es parte de dailyshoot. Actividad en la que podrían participar, en el caso de que les gustara la fotografía.
  • no verían el photostream de Claudia y se perderían la oportunidad de visualizar en un par de segundos todo un proceso de aprendizaje.
  • no encontrarían sus blogs en su perfil. No leerían sus posts ni seguirían sus links. No podrían conectarse ni con ella ni con su network.
Estas mismas consecuencias podrían aplicarse para mí. Y para ella. Como dice Claudia en su perfil en Flickr acerca del permiso para usar sus fotos:

Los proyectos educativos siempre obtienen permiso. No me gustaría perderme de verlos (...). Simplemente me gustaría saber hasta dónde ha viajado una foto, así me llevan con ustedes donde quiera que estén.
En suma, si no atribuyera la imagen, en lugar de conectar nodos, los estaría bloqueando. Esto no es ilegal. ¿Pero acaso trazar senderos no es uno de los aportes que hacemos a la web?

La apropiación de contenidos sin atribución implica mucho más que el atropello a los derechos de autor. Es una actitud que encierra, opaca conexiones, obstaculiza el flujo. Y estas últimas son, a mi entender, actitudes que nos colocan por fuera de la web.
Y habrá, seguramente, otras consecuencias que hoy no puedo imaginar.

Nota: Utilicé una imagen como ejemplo, pero bien podría haber utilizado un texto o simplemente un link o la génesis de una idea.

Crédito: Doble, claudia.ceraso @fceblog